Son casi las ocho de la mañana y en la puerta de la escuela comienzan a agolparse niños y niñas, con la túnica blanquísima y la moña bien armada. Acompañados de su familia, sonríen o lucen nerviosos, mientras los orgullosos padres, tíos o hermanos, toman una instantánea que unos años más adelante, les permitirá atesorar recuerdos emocionantes de un día tan importante.

Por cada nuevo comienzo, una foto tomada con amor, documenta el crecimiento, la alegría y las etapas concluidas, que en un futuro permitirán al adulto reencontrarse con la imagen preservada del niño que fue. Y si bien los detalles más específicos perderán nitidez, pervivirán el afecto y la entrega que le dedicaron los maestros de la Escuela Pública.

Este año la importancia simbólica de volver a las aulas se ha visto reforzada, frente a los impedimentos de asistencia regular que la pandemia impuso el año pasado. Este regreso presencial, largamente ansiado, que vuelve para reafirmar uno de los preceptos fundamentales de la educación uruguaya: la obligatoriedad, descansa en el cuidado y la responsabilidad que miles de maestros y profesores promueven en todo el país.

Esta vez la falta de espacio para el dictado de cursos fue –y continúa- siendo subsanado, gracias al aporte generoso de personas y entidades que ensancharon el metraje de los salones y expandieron las fronteras de los centros educativos de la ANEP, hasta que la emergencia sanitaria sea historia.

Hoy, en las puertas de cientos de escuelas, los maestros llamaron por su nombre y apellido a cada uno de sus alumnos para ingresar a clase de manera ordenada y escalonada, mirándolos a los ojos y augurándoles un provechoso año lectivo.

Nuevos rituales

Al ingreso, como en una especie de ritual adquirido y tomado con seriedad por los niños, algunos se lavaron las manos, mientras otros utilizaron alcohol en gel. El tapaboca, accesorio que si pudiéramos dejaríamos al instante en el ostracismo, en los escolares evidencia una seña más de identidad, como la mochila, conteniendo motivos estampados de súper héroes, colores brillantes u otros ídolos de caricaturas, música y videojuegos.

Las directoras también les dieron la bienvenida a los escolares y les desearon un gran año lectivo, en el que vuelva a ser “normal” ir todo el año a la escuela, encontrarse con los compañeros cara a cara y disfrutar del aprendizaje en la clase, que transcurre acompasado con el de la vida.

En la Escuela N° 38 de Montevideo, la directora animó a los padres a preguntarles a sus hijos a diario, al volver de la escuela, cómo les fue y que actividades realizaron, para acompañarlos en su aprendizaje y contenerlos. Un consejo simple, pero cuya aplicación muchas veces se diluye en la rutina cotidiana y, por ello, algunos padres se detuvieron a reflexionar en este punto.

En el día de hoy, muchos niños-jóvenes comenzaron por primera vez la Educación Media, en el liceo o en la UTU, y entre caras curiosas y temerosas, también se vislumbraron rostros iluminados por el entusiasmo y la expectativa que conlleva el inicio de una nueva etapa, vestidos con un nuevo uniforme, en un entorno a descubrir, rodeados de profesores por conocer y de futuros grandes amigos y compañeros.

Para romper el hielo, los educadores propusieron juegos y también charlar sobre qué hicieron en las vacaciones. Una de las propuestas invitaba a que un alumno sostuviera en su frente un cartelito que contenía una palabra, que todos veían -menos quien la tenía en su rostro. A partir de allí todos debían aportarle pistas a su compañero para que pudiera adivinarla. Las palabras del juego eran las asignaturas que cursarán este año en el liceo, lo que constituyó una manera divertida de conocer la estructura de las nuevas asignaturas.

Las puertas de los centros educativos volvieron a abrirse, con la esperanza de un año que transcurra sin mayores sobresaltos, y que logre por fin superar la emergencia sanitaria que tanto daño hizo, entre otras cosas, al contacto humano y al intercambio dentro del aula.

Fuente: ANEP