El Plan Nacional de Convivencia y Participación en centros educativos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) da sustento teórico y brinda orientaciones para implementar acciones, proyectos e iniciativas que promuevan una convivencia democrática e inclusiva.
La convivencia es concebida en su sentido formativo e integral, por lo cual las vivencias, las emociones, la reflexión acerca de las prácticas de relacionamiento interpersonal, así como de las responsabilidades individuales y colectivas, el análisis de los roles y la definición participativa de pautas de conducta dentro del ámbito educativo son el soporte que dota de sentido pedagógico y didáctico a un aspecto básico en la vida del ser humano: aprender a vivir con otros.
A convivir se enseña y se aprende, lo que equivale a decir que la convivencia es un aprendizaje mediado por las condiciones de la época, el contexto, el territorio y la propia institución educativa. Situar, comprender y resignificar el valor educativo de la convivencia y de la participación supone reflexionar acerca del para qué y el cómo se enseña.
En ese sentido, la institución educativa es un agente central en los procesos de socialización y de formación para la inserción social de los estudiantes como ciudadanos activos. Las características y la velocidad del cambio generan incertidumbres y perplejidad, a la vez que nos imponen individual y colectivamente la necesidad de adaptarnos. Y este es el desafío que enfrenta la docencia, conscientes del impacto que esta nueva ola civilizatoria provoca en la organización y en las funciones de las instituciones, entre ellas la educativa, y también en la vida de las personas y la organización familiar.







