El verano avanza y en las Escuelas de Verano, además de compartir alimentación rica y saludable, los niños y los adultos viven oportunidades diferentes a las que comparten durante el año. Con otros tiempos, otros espacios y un número menor de comensales, el espacio de comedor incorpora momentos propicios para el intercambio, el conocimiento mutuo, la charla y la diversión.

Estos momentos, además del hecho de alimentarse en forma saludable, generan una oportunidad de mesa compartida, de comensalidad, donde la experiencia colectiva ocupa el lugar central y se vuelve un momento cuidado y distendido.

Los equipos de docentes, auxiliares y de cocina son quienes crean estas oportunidades a partir de cuidadosas planificaciones donde el juego, el movimiento y también la cocina generan aprendizajes relacionados con lo curricular, pero fundamentalmente con lo vincular.

Aprender a compartir, a respetar los tiempos de cada uno, a valorar la diversidad de expresiones y a “ponerse en el lugar del otro” para comprenderlo y acompañarlo en su crecimiento personal es una forma de avanzar en la construcción de una sociedad mejor.